Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

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Acaba de estrenarse una de las películas que más apetece para estas navidades. Donde viven los monstruos, de Spike Jonze.

Y sí, hay un niño. ¿Qué pasa?

Por una vez espero que saquen merchandising, por que a mí, ese monstruo cabezón me encanta.

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA

SECCIÓN I
DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES Y DE LAS LIBERTADES PÚBLICAS

Artículo 20

  1. Se reconocen y protegen los derechos:
    1. A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.
    2. A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.
    3. A la libertad de cátedra.
    4. A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La Ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.
  2. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

  3. La Ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España.

  4. Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las Leyes que lo desarrollan y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

  5. Solo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial.

Si también quieres celebrar el Día de la Constitución recordando lo que algunos parecen haber olvidado, copia el texto y publícalo en tu blog. No a los ataques contra los derechos fundamentales dentro o fuera de la Red.

La iniciativa es de Mangas Verdes

Otros artículos básicos.

En defensa de Internet

Viñeta, creada por Eneko para 20minutos.es y 20 minutos. Su licencia es Creative Commons. Puedes cogerla y usarla en el medio que desees en apoyo del Manifiesto, acreditándosela a Eneko/20minutos.es.

Vuelvo a la carga, tras un parón de 2 semanas con la segunda parte del meme de Mr. Lombreeze. Cosas de la gripe, el papeleo administrativo y la vagancia.

Si el post anterior lo cerraba con Roy Orbison y David Lynch, este lo abro con… Roy Orbison y David Lynch. Y eso que a mí, Roy Orbison… pero este playback de In Dreams realizado por Dean Stockwell en Terciopelo azul me puede. Se que muchos habrían optado antes por la interpretación de Blue Velvet de Isabella Rosellini, pero en esta escena escena se palpa, no solo el surrealismo sino también la tensión, la incertidumbre de su final que, imaginamos no puede ser nada bueno. Es también un enfrentamiento entre Frank y Jeffrey Beaumont, no solo a nivel físico sino también mental. Jeffrey ha estado espiando a Frank e imagina como es, pero es ahora cuando empieza a ver el alcance de su locura.

Y si de directores “raros” (por su tipo de películas) se trata, los hermanos Coen también tienen su hueco en este meme cinefilo-musical. En Oh Brother, where art thou? hacen que George Clooney, John Turturro, Tim Blake Nelson y Chris Thomas King formen un grupo de negros (sí, de negros) autores del hit I Am A Man Of Constant Sorrow, los Soggy Bottom Boys.

Cierro la lista con este Auld Lang Syne, canción popular escocesa empleada habitualmente como villancico de Nochevieja. Si ya la versión original es bastante triste, en Escándalo, Kurosawa nos obsequia con una versión absolutamente deprimente. Cantada a coro por borrachos y prostitutas (junto al protagonista de la película, un abogado inútil que está estafando, a su pesar, a su cliente) todos en el bar saben que por muchos buenos propósitos que tengan, al final de ese año que empiezan estarán en el mismo lugar que ahora. En la mierda.

Nota para los impacientes: he dejado en el vídeo el discurso que precede a la canción. Esta empieza alrededor del minuto 3.

Ya está. Al final la lista se queda en ocho ítems. Me da igual. Prefiero quedarme corto que meter por meter, y si en estas dos semanas no se me ha ocurrido nada es que no se me van a ocurrir más hasta que lo publique (y entonces me tiraré de los pelos, claro).

Mr. Lombreeze lanza un meme que recojo a través de Moonfleet y, aunque soy poco de memes, este me ha picado el gusanillo (y no, no es un chiste fácil). El juego consiste en elegir 10 canciones de cine que sigan las siguientes reglas:

  1. La película no puede ser musical.
  2. La canción tiene que ser cantada, bailada o escuchada por algún actor durante alguna escena de la película. La presencia de la canción en la escena tiene que ser significativa.
  3. La canción tiene que haber sido compuesta para la película o que con el tiempo se hayan identificado con ella de tal manera que en el subconsciente colectivo hayan quedado ligadas.

Gracias a mi memoria de teleñeco no he podido conseguir las 10 canciones requeridas, pero creo que sí he recordado algunas bastante interesantes. Aun así, he estirado mucho el punto tres, pues ninguna de las canciones elegidas (creo) ha sido compuesta para la película. el punto dos lo he llevado a rajatabla, lo que me ha obligado a prescindir de la estupenda versión de Mad World en Donnie Darko.

Las canciones sí tienen un orden especial, pero nada más como presentación. En ningún caso indica preferencia de una sobre otra ya que eso, en mí, cambia constantemente a lo largo del tiempo.

Una de las cosas que más me chocan (ya me había dado cuenta antes, el meme sólo lo pone de manifiesto una vez más) es lo dispares que son las canciones que me gustan en el cine respecto a mis gustos musicales. Esta variedad puede verse en la elección del Duelo de banjos que aparece en Deliverance. En cualquier otra situación abominaría de esa canción, pero aquí me gusta, aunque lo más probable es que sea más por culpa de la película. Ver como el duelo se va gestando mientras los demás personajes siguen a lo suyo hasta que se van dando cuenta del asunto, como la cámara va cambiando de personaje a personaje siguiendo el ritmo de la canción hasta acabar en contraplanos de los duelistas. Magnífico. Vale, no es una canción propiamente dicha (no cantan), pero no creo que me descalifiquen por ello.

Lo mismo ocurre en la versión de La golondrina que aparece en Grupo Salvaje. No soy fan de las canciones mejicanas (más bien mi familia se ha encargado de que las aborrezca) pero la tristeza que transmite en la película de Peckinpah, mientras el grupo de forajidos abandona el pueblo que les ha acogido durante una noche, es de quitarse el sombrero.

Hay pocos clásicos en esta lista y estoy seguro que me dejo en el tintero alguna impresionante canción de Marlene Dietrich, pero tendría que empezar a revisar filmografías y eso es algo que no viene al caso. Why don’t you do right con que nos deleita Jessica Rabbit en ¿Quién engañó a Roger Rabbit? es una interpretación de esos clásicos con mucha, mucha gracia.

Aunque para clásicos, Que sera, sera. Lo cierto es que la canción es tan buena que da igual qué versión escoger, pero yo me quedo con esta de Doris Day en El hombre que sabía demasiado.

En Mullholland Drive, Rebekah del Rio nos ofrece esta versión a capella y en castellano del Crying de Roy Orbison. Llorando perturba a sus protagonistas y al espectador le llega hasta lo más hondo.

Van cinco. En el siguiente post deberían haber otras cinco, pero por ahora sólo tengo tres más. Para colmo, de una de ellas no he encontrado nada en Internet, así que tendré que subir el vídeo yo mismo a YouTube (a ver si después no me lo borran) y eso me llevará un tiempo. Quizás, mientras tanto, se me ocurran otras dos que no sena tan obvias como la canción de la cantina de Mos Eisley, que hay que mantener la reputación de bicho raro. Mientras tanto, los que quieran jugar pueden apuntarse ellos mismos.

En vista que no doy desarrollado un texto coherente iré apuntando qué me gustó y qué no me gustó de la última película de Tarantino.

Lo primero es lo primero. La película no me desagradó. Pasé un rato entretenido y nunca me revolví en la butaca deseando que acabase y salir del cine. En absoluto. (Sí me pasó, por ejemplo, en la horripilante Death Proof, a pesar de que es una hora más corta.) Sin embargo la película está nefastamente dirigida y peor guionizada (a pesar de que Tarantino, o quizás por eso, haya necesitado 10 años para escribirla). La película es un verdadero catálogo de errores cinematográficos.

La dirección:

  • Las escenas, todas, son largas, demasiado. Tarantino pretenderá crear tensión con eso, pero solo consigue aburrir. Se puede ver ya en la inverosímil primera escena en la que el coronel Hans Landa juega al gato y al ratón con un granjero que oculta judíos. Le dedica tanto tiempo que al final uno se cansa y lo único que quiere es que descubra a los judíos de una vez. Para colmo la escena queda inconclusa. Se puede ver, también, en el plano fijo de la guarida de los Bastardos durante el interrogatorio de un alemán. De las sombras tiene que salir uno de ellos para matarlo, pero lo único que se escucha es un bate golpear contra las paredes una y otra vez, cada vez más cerca. Un golpe, dos golpes, tres… cuatro… diez… El espectador se harta de tanto golpecito y tanto plano fijo y se arruina el efecto buscado.
  • Los Bastardos que dan título a la película son lo peor de ella. Están tan desdibujados que uno no sabe qué coño pintan ahí. No parecen hacer nada con sentido. Incluso, como grupo que pretende crear el terror acaban pareciendo bastante inútiles cuando realmente se les ve en acción y no cuando se están contando sus hazañas. Son aterradores porque un personaje lo ha dicho (claro, lo dice mediante un flashback, así que funciona cinematográficamente y el espectador se lo cree), pero luego se ven unos estrategas nefastos, perdiendo la mitad de los hombres de una manera absurda (supongo que se verá compensado por el hecho de que otro aparezca milagrosamente de la nada al final de la película) y lanzándose a ciegas a realizar planes sin sentido. Si se hubiera prescindido de toda su subtrama la película habría ganado muchos enteros.
  • La presentación de personajes no tiene ningún sentido. Se dedican escenas larguísimas para presentar personajes que después no hacen nada en toda la película. Parece que son una compensación por matarlos en la escena siguiente, como quien dice. Ejemplos: el teniente Archie Hicox y el sargento Hugo Stiglitz. A otros personajes, en cambio, hay que imaginárselos (el primero de ellos, el teniente Aldo Raine interpretado por Brad Pitt) o aceptar el estereotipo que se presenta.
  • La película pretende narrar dos intentos simultáneos e independientes de atentar contra la plana mayor del Tercer Reich. Sin embargo, una de las subtramas se impone rápidamente, en interés, que no en extensión, sobre la otra, que acaba siendo un lastre para la película. La trama que estorba es, precisamente, la que implica a los Bastardos.
  • El toque Tarantino. Aquí se ve que no existe, ni existió tal tal cosa. Tarantino busca un estilo propio, que esperan los espectadores pero no lo consigue. Los recursos de historieta, los diálogos, la caricatura, esos insertos como notas a pie de página… Sería lo propio de un estilo, como lo son los escenarios de Tim Burton. Pero lo que en el californiano es ya algo natural y propio, en el director de Tennessee se ve forzado, impostado y, peor aun, inecesario. La apariencia es que Tarantino quiere reutilizar los recursos experimentados en Kill Bill pero, como no se ven más depurados, más parece que se repite a que tenga un estilo propio.
  • También pretende ser una película coral, pero el talento de Christoph Waltz y Mélanie Laurent acaban con ello. Sus personajes se imponen con fuerza sobre todos los demás gracias, sobre todo, a su prodigiosa interpretación, porque el guión les ayudaba bien poco.

Los Personajes y los actores:

  • El coronel Hans Landa, diseñado originalmente para ser la némesis del teniente Raine, es “rescatado” por Christoph Waltz quien compone la verdadera caricatura de la que Tarantino no es capaz. Con su interpretación, Waltz consigue que los absurdos de su comportamiento no lo sean tanto, que el histrionismo sea natural y la locura algo cotidiano. No consigue nunca, eso sí, crear la sensación de amenaza que debería tener, como un gato acechando a una presa, pero es que Tarantino no le ayuda nada.
  • Melanie Laurent lo tiene más fácil. Su personaje es mucho más interesante y está mejor creado que los demás. Su interpretación, siguiendo el estilo de las actrices clásicas de los años 30 y 40 es la perfecta para contrastar con la estupidez y locura de los hombres jugando a la guerra.
  • En cambio, el personaje interpretado por Brad Pitt, el teniente y líder de los Bastardos, Aldo Raine, se hunde por todas partes. Los detractores del actor echarán la culpa a sus dotes interpretativas, pero lo cierto es que Pitt lo hace muy bien, pero donde no hay, no hay. Pitt no llega a engatusarnos tanto como Waltz porque, simplemente, su personaje apenas tiene presencia en la película hasta casi el final. No falla el actor, falla el guión, lo que no deja de ser curioso ya que no deja de ser el supuesto protagonista de la película.

Un último punto inevitable:

  • No puedo evitar mencionar la espantosa traducción del título. Ni idea de como traducir “inglorious”, lo admito, pero todo el mundo sabe que “bastards” se traduce más apropiadamente como “cabrones” que como el literal “bastardos” cuando, como es el caso, la palabra es el insulto y no el concepto. Lo que ya no tiende perdón de Dios es eliminar completamente las incorrecciones lingüisticas del título original: Inglourious Basterds imitando una pronunciación extranjera (supongo que alemana). Igual que en Distrito 9, nos deben tomar por gilipollas.

Hoy se cumplen 143 años del nacimiento de HG Wells, y me da a mí que a Google se le ha ido la mano con el logo conmemorativo.

Aniversario de HG Wells en Google

¿Alguien es capaz de leer Google en él?

ACTUALIZADO: Parece ser que la celebración estuvo preparada de antemano con abducciones de las oes. Es lo que tienen los buscadores integrados en el navegador, que siempre te pierdes estas cosas (aunque, a decir verdad, no creo que hubiese notado nada raro).

Distrito 9Ya comenté que Distrito 9 (cuyo título traduzco yo porque me da la gana) es una de las películas que me apetecía ver a la vista de su trailer y del corto en que estaba basada. Aun así no se puede evitar cierta inquietud ante la ópera prima de un desconocido, por muy apadrinado que esté por Peter Jackson y muchos comentarios laudatorios que haya recogido la película. Todo ello puede (suele) crear unas falsas expectativas que aumentan la decepción cuando el resultado no es el esperado. A eso hay que añadir los peligros de la trama y el formato escogido. Afortunadamente Neil Blomkamp sale airoso de ambos y nos ofrece una de esas películas que, sin ser perfectas, renuevan el panorama del fantástico que periódicamente se anquilosa. Así a bote pronto (no tengo ganas de comprobar la veracidad de tal afirmación, así que considérese esto como una impresión de la que puede que me retracte al cabo del tiempo, están los comentarios abiertos para contradecirme), no recuerdo una renovación tal del género desde los tiempos de la primera The Matrix en la década pasada.

Distrito 9 propone, a modo de falso documental, la existencia de un gueto en el que, ante el temor de la población local, se aísla a una colonia extraterrestre que hace veinte años llegó a La Tierra. Un gueto, el Distrito 9 del título, que no por casualidad está en Sudáfrica, gestionado por dos grupos opuestos. Oficialmente, la compañía Multi-National United es la encargada de gestionar la colonia y coordinar sus relaciones con los humanos. En la práctica se limitan a mantenerlos encerrados y son las mafias locales y los basureros a los que proveen de comida y enseres a los bichos, mote despectivo que se les ha dado a los alienígenas. Sería fácil entonces proponer una denuncia del racismo con los extraterrestres como burda metáfora de los negros sudafricanos, otro de los motivos para temer a esta película (la denuncia simplona, no los negros). La metáfora es evidente, pero Blomkamp va más allá analizando la esencia misma del racismo, de dónde proviene, qué lo causa. Ambos grupos sólo desean una cosa de los alienígenas, sus armas, y harán lo que sea para conseguirlas; los unos por medio de la ciencia, los otros por medio de la brujería. La segregación racial no es más que un recurso fácil de tiranía sobre un grupo fácilmente identificable pero, haciendo caso al aforismo de Hobbes, homo homini lupus, el hombre es un lobo para el hombre y no dudará en utilizar cualquier excusa para explotar incluso a sus compañeros de manada, como bien refleja el suegro del desdichado Wikus Van De Merwe, protagonista de la cinta, a quien no duda en sacrificar para conseguir lo que quiere.

El filme está contado mediante un falso documental que trata de mostrar qué ocurrió en el Distrito 9 cuando a Van de Merwe, anodino empleado de la MNU y yerno del jefe, se le puso al mando de la operación de desahucio y realojamiento de los bichos. Pero al contrario que otros ejercicios de estilo similares, como Monstruoso, que mantienen la impostura durante todo el metraje, Blomkamp prescinde de él cuando es necesario. Buena parte del metraje son cosas que no podrían haberse filmado, como la fiesta por el ascenso de Wikus o su huída y el director sudafricano no lo oculta. No trata de forzar la inclusión de un reportero en ellas. Las cuenta ya como una película. Con cámara en mano, para que la transición no sea muy abrupta para el espectador pero dejándole bien claro que ahí no hay nadie filmando. Salvando las distancias, el resultado es más parecido a Acordes y desacuerdos que a Zelig.

Los personajes están muy bien construidos. Algunos quizás sean demasiado tópicos, pero eso ayuda a caracterizarlos rápidamente sin extender demasiado el metraje pudiéndose centrar en los principales. Wikus es mostrado como un completo cretino, un inepto al que nunca se le habría dejado la responsabilidad del proyecto de reasentamiento si no fuera por su oportuno braguetazo, de ahí que su redención final sea más impactante, aunque no deje de ser un tanto almibarada. Los alienígenas se van humanizando progresivamente según los vamos conociendo mejor, libres ya del filtro del documentalista, resultando no ser tan tontos ni inocentes como aparentaban en principio. Se echa en falta, quizás, una mayor dedicación a la esposa de Wikus y a su segundo en la MNU. Dos personajes que, si bien no tienen mucho peso en la trama, sí tendrían bastante interés en ese documental que estamos viendo.

La película no es perfecta. No faltan pequeños fallos bastante salvables, como el que se tenga la sensación de que el documental empezó a rodarse antes de que hubiese pasado nada, que haya tomas que deberían ser descartadas en el metraje final de cualquier supuesto documental o que la puesta en antecedentes sea un tanto confusa. Quizás el mayor fallo sea la deriva de la película, en su tramo final, hacia las buddy movies en la que dos personajes antagonistas aprenden a convivir y colaborar frente a la adversidad (la comparación con Enemigo Mío viene aquí al pelo). Demasiado tierno para el tono general de la cinta pero compensado con esa ambigüedad final, un plano cenital del nuevo Wikus mirando al cielo, que tanto da qué pensar.

Distrito 9 no será una obra maestra, pero puede enorgullecerse de poder tratar de tú a tú a otros estrenos de este año que sí lo son, como Gran Torino o Up, y de hacernos salir de la sala no ya con la sensación de no haber tirado el dinero, sino con la de haber disfrutado de un momento de auténtico buen cine. Como ya dije en Twiter, si aun no la has visto, al cine a la voz de ‘ya’.

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