Life On MarsNo entiendo tantas buenas críticas que ha recibido esta serie británica. Vale, es entretenida, pero tampoco es como para echar cohetes y sus principales virtudes, el enigma, su longitud y que finaliza me parecen totalmente inexistentes.

Un resumen breve para los que no conozcan la serie: Sam Tyler, Inspector Jefe de policía, sufre un accidente y despierta en el año 1973, degradado a inspector y trasladado a una comisaría de métodos más bien cuestionables. Se plantean entonces tres hipótesis que no se dejan de repetir en la cabecera de cada episodio: que Sam esté loco, en coma o realmente haya viajado en el tiempo.

A partir del episodio inicial la serie se estanca, convirtiéndose en una sucesión de casos que Sam tiene que resolver sorteando la brutalidad de su jefe, Gene Hunt, y su equipo, como si en nuestra época los policías fuesen unos santos. Al mismo tiempo, Sam tiene alucinaciones que conducen a la conclusión de que está en coma, descartando las otras dos posibilidades, pero no hay una progresión en la trama. Algunas tramas tienen relación con el pasado de Sam, pero no se aprecia en ningún momento que Sam está más cerca de la curación, o el motivo por el que ha elegido esa fantasía (obviemos que en un coma no se sueña). Por no haber, no hay ni siquiera un viaje iniciático en el que Sam aprenda algo. Luego la serie está alargada innecesariamente unos 12 episodios.

Esta situación se mantiene hasta el penúltimo episodio, con la aparición del personaje de Frank Morgan. Éste aportará indicios de avance en la trama que se resuelven en el episodio final, un episodio que vuelve a plantear la hipótesis de la locura de Sam que no se sostiene por ningún lado. Narrativamente se cometen tres errores. Por un lado se ha incidido demasiado tiempo en las alucinaciones referidas al coma como para que, a esas alturas, el espectador se plantee siquiera otra posibilidad. Además, hemos visto a Sam en nuestra época (un error típico que han cometido también producciones como Matrix o Doce monos) y ha hecho muchas referencias a sucesos futuros (adoptar el nombre de Tony Blair o afirmar que una mujer será Primera Ministra y similares) como para que el truco funcione.

El final es, además de precipitado, sensiblero y facilón. Un insulto a la inteligencia del espectador a quien se le supone incapaz de aceptar un final más acorde pero menos “bonito”. Si realmente quieren disfrutar de esta serie veanla en este orden: primero el primer episodio, por eso de saber cómo empezó todo; luego el segundo, por si quedan dudas de que Sam pueda estar en coma; salten entonces al final de la serie y vean los dos últimos episodios. Así, una vez liberados de la necesidad de conocer cómo termina la serie podrán disfrutar de doce episodios de una serie policiaca más, bastante entretenida pero nada más que eso.