Creo que es la primera vez que me pasa esto. Dejar un tebeo por la mitad. He tenido, y tengo, tebeos esperando a ser leídos durante meses, especialmente cuando ya los había leído antes de comprarlos. Sí he dejado de comprar una serie por mala. Otros se me han hecho largos y aburridos como un día sin pan, pero siempre los he terminado. A diferencia de los libros, el tiempo necesario para leer un tebeo es tan corto que no merece la pena abandonarlo, sobre todo cuando el tebeo no te gusta (lees más rápido) y tiene una longitud razonable. Las apenas 100 páginas de este Lucky, Afortunada en su versión castellana, se me han hecho totalmente insoportables. Cada vez que lo veía en la mesilla de noche pensaba, “Dios, todavía está este por leer”. Cada vez que me animaba a continuarlo lo cogía pensando, “pero si no me apetece nada; bueno, hagamos un esfuerzo y terminémoslo de una vez”. Al cabo de unas pocas páginas el libro acababa cayéndoseme de las manos y lo dejaba. Al final decidí devolverlo a quien me lo prestó habiendo saltado páginas y sin, a pesar de eso, llegar a terminarlo.

Vaya por delante que los diarios me gustan bastante poco. Ni hacerlos ni leerlos, así que eso puede haber influido. Porque la primera parte de Lucky es un diario en toda regla. Dibujado, pero un diario. Y la vida de Gabrielle Bell no puede importarme menos. Gabrielle y su novio se hacen, desde las primeras páginas, totalmente cargantes. Sus cuitas de buscar una habitación de alquiler, que ahora es para él, luego para ella, ahora me gusta y todo es una maravilla, dos días después no me gusta y es todo un trauma, o de perder días de trabajo por un estúpido accidente que arruina tus originales, o lo traumatizante que es trabajar de modelo para estudiantes de Bellas Artes no pueden importarme menos.

Y no me importan porque es un diario. En un diario no hay presentación de personajes, no hay historia. Se cuenta lo que va pasando, sin más. Y si no eres muy buen narrador lo tienes jodido para que lo que cuentas interese a nadie. Y Gabrielle Bell no lo es. En la primera parte, Lucky #1, el dibujo es tosco, con una planificación limitada como sería de esperar en un trabajo de estas características, pero sin ninguna muestra de espontaneidad. La misma Garielle reconoce, en una entrevista con Gary Groth (publicada en España en el Mome de invierno de 2007), que no es capaz de conseguir espontaneidad y que tampoco le gusta. En la segunda parte la cosa mejora. El dibujo es más estilizado, las anotaciones son más extensas, desechando el corsé autoimpuesto de una página por día, aunque ya es demasiado tarde. El daño ya está hecho y la historia no consigue llegar a engancharte. En la misma entrevista, la autora deja entrever otra evolución formal en la tercera parte, pero a mí la obra ya ha dejado de interesarme.