Hace poco tuve la oportunidad de trastear con el Zoltar TV que acababa de comprar un amigo y que no daba conectado a través de red. Naturalmente, en una tarde no hay tiempo suficiente para hacer una evaluación del producto en toda regla pero sí para tener unas primeras impresiones que, aun siendo un tanto agridulces, no dejan de ser bastante positivas.

Son positivas porque he podido ver una interfaz gráfica realmente cuidada. No solo a nivel gráfico, como podréis apreciar en su página web, sino también por su fluidez. El salto de una opción a otra o de un icono a otro es suave y sin una demora excesiva. Pocas veces llegas a preguntarte si has pulsado el botón o no. El mando a distancia es bastante cómodo, aun a pesar de esos botones de goma tan habituales ahora y que obligan a precisar cada pulsación.

Por contra, tanto el mando como la interfaz gráfica se me antojaron un tanto poco intuitivos, equivocándome varias veces en lo que estaba haciendo o teniendo que recurrir al manual para averiguar algunas cosas bastante triviales. Habrá que ver si la fuerza de la costumbre consigue soslayar este defecto (probablemente sí).

Otra sorpresa fue la WiFi, que funcionó a la perfección cuando finalmente conseguimos hacer funcionar el streaming de vídeo y es que ese apartado nos dio bastante trabajo y de él vienen, en gran medida los aspectos agridulces de la experiencia.

Parece mentira, pero un dispositivo como el Zoltar está orientado a manejarse únicamente a través de la interfaz y el mando a distancia. Es cierto que eso es lo que muchos de sus usuarios demandarán, aquellos que ven con envidia las “ventajas” de los nuevos soportes de vídeo digital pero que profesan un (absurdo) recelo al ordenador, pero no deja de ser menos cierto que muchas labores pueden realizarse mucho más cómodamente (infinitamente más cómodamente) a través del ordenador.

Así, se hecha en falta la implementación de un servidor web que permita configurar el Zoltar a través de una interfaz web. Y la ausencia de un servidor Samba con el que poder acceder directamente a su disco duro es, sencillamente, inexplicable. ¿Para que sirve ponerle interfaz Ethernet y un disco duro de 500GB si después tienes que usar la conexión USB para llenarlo? Máxime cuando el aparato es del tamaño de una tortilla de patatas, lo que moverlo no es precisamente cómodo (téngase en cuenta que, además, la fuente de alimentación va aparte). Se puede mover la primera vez, cuando quieras poner gran parte de tu videoteca, pero hacerlo cada vez que quieras introducir una película o, peor, un episodio de tv se va a hacer muy cuesta arriba. Al final, el disco duro acabará quedando para grabaciones de TV algo en lo que el Zoltar, gracias a su doble sintonizador de TDT, destaca bastante. (Un feo detalle es que la página web da a entender que sí se puede hacer, cuando en realidad solo se puede a través del USB; también da a entender que es FullHD, cuando en realidad sólo llega a las 1080i).

La única manera (al menos la única que encontré en el tiempo que trabajé en él) de compartir archivos con los equipos informáticos es a través de uPNP mediante un servidor de archivos. En Windows esta labor la realiza Windows Media Player 11 en OS X, que era lo que a mi amigo le interesaba hay que buscarse la vida. Afortunadamente, las últimas actualizaciones de Plex incluyen un servidor multimedia, Plex Media Server, que puede realizar esa labor, aunque ya tiene huevos que para poder reproducir vídeos en el salón tengas que instalarte el que es, actualmente, el reproductor multimedia por excelencia.

Como dije, esto son solo impresiones sacadas de una tarde de trastear con él y quizás, con más tiempo de uso pueda llegar a exprimírsele más. También queda ver como funcionan las bibliotecas musical y de vídeo, pero por lo pronto, el cacharro apetece bastante. Eso sí, no creo que llegue a superar a un Mac Mini con Plex que, en este momento es el dispositivo que más me gusta. (También cuesta lo que cuesta.)