Hace unos días tuve la ocasión de trastear un poco con una Olympus XZ-1 que había comprado un amigo. Y cuando digo un poco me refiero a eso, un poco; juguetear con ella media tarde al mismo tiempo que sostienes una conversación. Y apenas pude ver unas muestras, no sacadas por mí, en el ordenador. Pero sí pude sacar un par de buenas impresiones (junto con lo que había leído de ella).

Muy, muy bonita. Para qué negarlo. Un estilo retro, pero no demasiado, acentuado por una funda exquisita. Yo le hubiera comprado inmediatamente el visor electrónico, pero esta no lo tenía.

Me despistaron mucho los controles, ya que no hay un menú en el que estén centralizadas todas las opciones, sino que se encuentran repartidos entre diferentes botones. Algunos son bastante intuitivos, como el control de la velocidad o la apertura en la rosca del objetivo. Otros, como cambiar al modo RAW fueron más difíciles de localizar. Sin embargo, la sensación es que, una vez que sabes donde están, acceder a ellos es mucho más fácil. Bien.

Un punto negativo, aunque no lo pude comprobar: la duración de la batería. Por los comentarios de @OctavioB_, el dueño de la cámara, dura un suspiro. Tanto que sospechamos de un posible defecto.

Pero lo que más me sorprendió, para bien, fue algo que no esperaba. El modo blanco y negro. No es una simple desaturación. Es un filtro, y precioso, como podeis ver.


Foto cortesía de OctavioB

Cuando veo fotos de un viaje o una fiesta, no profesionales, suelo pasarlas rápido hasta que una me llama la atención. En todas las que vi en este modo (apenas tres) me pasó eso. Blancos y negros muy contrastados, casi sin grises. Y un ruido añadido que quita el hipo. Me recuerda al estilo de W. Eugene Smith (en serio). Si no estuviese ya centrado en la X100 y pudiese probarla un poco más os aseguro que la compraría solo para sacar fotos en blanco y negro.