Publicado por icsm14 en Cine, Cómic.
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Preparándose para el estreno de la película, Norma editó ya antes del verano, en un único álbum, la miniserie Wanted de Mark Millar y J. G. Jones, un tebeo entretenido pero que difícilmente alcanza la categoría de “Watchmen de los supervillanos” con que se publicita en portada. Incluso, si me apuran, me parece un peldaño por debajo de las dos entregas de The Ultimates, donde la provocación no era tan infantil y el juego de referencias era algo dado por hecho.
Wesley Gibson, el protagonista de Wanted, es un don nadie amargado que descubre, de la noche a la mañana, que es el heredero de un supervillano, The Killer, un tipo cuyo superpoder es, simple y llanamente, asesinar. Wesley pasa a formar parte de un mundo en el que los superhéroes han sido asesinados por los supervillanos y ahora gozan de impunidad absoluta para cometer sus crímenes. Un mundo que el guionista Brian K. Vaughan no duda en calificar como “el más horrible y perturbado mundo que el universo de los superpoderosos villanos haya visto jamás” pero que Millar no desarrolla más allá de la paja mental de cualquier adolescente de 17 años. La clasificación de “para lectores adultos” en este caso es, cuando menos, irónica.
Si Wanted, el tebeo, aprueba con holgura no se puede decir lo mismo de su adaptación cinematográfica que suspende miserablemente. Timur Bekmanbetov, responsable de engendros como Guardianes de la Noche y Guardianes del Día, horrorosa trilogía que afortunadamente no pasó de la segunda entrega, debería dedicarse exclusivamente a la dirección de fotografía, pues no sólo es lo único que se le da bien, sino que parece ser lo único que le preocupa. Con el cerebro atrofiado en modo Matrix, Bekmanbetov nos ofrece poses g(u)ays, saltos con ralentís, bullet times, vehículos saltando por los aires, pero de historia nada de nada. No solo realiza una película aburrida hasta médula, imposible de ver incluso dejando el cerebro fuera de la sala, sino que consigue deshacerse de lo poco interesante que tiene el tebeo original, infantilizando todavía más la película. Donde antes había supervillanos absolutamente amorales ahora hay una secta (sí, secta) de asesinos encargada de velar por el equilibrio cósmico a las órdenes de un tapiz místico. Por si esto no fuera suficiente, la escasa imaginación de los responsables hace que los personajes tengan que repetir una y otra vez los mismos trucos (como el de las balas con efecto) durante todo el metraje. Lo dicho: un auténtico despropósito.